Esta obra es una de mis acuarelas. Uno de mis mayores aspiraciones es la de ser pintor artístico. Ya hice exposiciones en cuatro salas. Conseguí vender obras de arte a personas relacionadas con el mundo del arte. Espero que dentro de unos años, después de que termine de estudiar logre que mi nombre esté relacionado con el mundo del arte. Mientras tanto me conformaré con pintar aquello que me gusta y me hace sentir bien.
lunes, 16 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
IMPRESIONISMO
En primer lugar, hay que hacer la precisión de que el impresionismo es estrictamente una escuela pictórica que se da en Francia. Aunque haya una tendencia a calificar como impresionistas a toda una serie de pintores de otros países, contemporáneos o posteriores a dicho movimiento, la realidad es que, "ni las intenciones ni la técnica se asimilan perfectamente a la del grupo parisiense, único, que puede llevar de modo idóneo el calificativo de impresionista". Hecha esta salvedad, a modo de aclaración, pasemos a ver cómo se originó dicho movimiento, sus premisas y su historia.
Aunque el realismo había supuesto un gran avance en la representación de la vida moderna, siguió, sin embargo, apegado a la pintura de taller y sus tradicionales contrastes de luces y sombras. Será la generación siguiente la que, aspirando a una pintura más clara y aérea, intentando captar los aspectos fugitivos de la naturaleza, produzca una de las revoluciones más importantes en la historia de la pintura. Esta concluyó en un nuevo modo de ver, en una renovación de la visión pictórica. Así, el impresionismo no sólo renovó los procedimientos técnicos de la pintura, sino también nuestra visión del mundo exterior.
Aunque supuso una reacción contra el realismo, rehusó, al igual que este, los temas académicos tradicionales de clásicos y románticos, centrando también su interés en la representación de la vida moderna. Pero rechazaron la tradicional práctica de la pintura en el taller para reivindicar la pintura al aire libre, lo que ha dado origen al término plenairsimo. Esta misma práctica trajo como consecuencia el rechazo de la pintura oscura y bituminosa, en que el negro jugaba papel fundamental para alcanzar una pintura <<clara>>, sin sombras negras, porque en la naturaleza, todas las sombras son transparentes y coloreadas, llenas de reflejos. Como igualmente supuso el tomar conciencia de que la forma y los colores de los objetos no son constantes, que varían según el grado de luminosidad, que la luz renueva sin cesar el espectáculo de las cosas, con lo que el sujeto del cuadro resulta un tanto indiferente en favor de la luz que lo transfigura.
Se trata, por tanto, de una concepción pictórica del mundo exterior totalmente nueva, en la que las figuras y los objetos pierden toda la consistencia y materialidad que les había proporcionado la práctica pictórica desde el Renacimiento, viéndose la naturaleza como una sucesión de apariencias, como una secuencia inestable, fluida y en movimiento, como un perpetuo devenir. Esto se tradujo en la práctica en una técnica pictórica que utiliza las pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, formando una estructura de toques de color, en la que el negro o bien es radicalmente suprimido o se reduce al mínimo.
El Impresionismo no conformó una escuela, ni fueron tampoco muchos los pintores que estrictamente lo practicaron, sino que es una actitud común de determinados artistas ante una serie de problemas pictóricos considerados por ellos esenciales. Estos problemas ya se venían presintiendo desde antes, como vemos en la indiferencia temática de obras de Constable y Turner, en que la luz y su diferente intensidad juegan un papel fundamental. Igualmente presienten, o de alguna forma predicen, lo que habría de venir, pintores como Delacroix, Courbet y Corot, pero sobre todo Daumier, Millet y la Escuela de Barbizon.
Aunque el realismo había supuesto un gran avance en la representación de la vida moderna, siguió, sin embargo, apegado a la pintura de taller y sus tradicionales contrastes de luces y sombras. Será la generación siguiente la que, aspirando a una pintura más clara y aérea, intentando captar los aspectos fugitivos de la naturaleza, produzca una de las revoluciones más importantes en la historia de la pintura. Esta concluyó en un nuevo modo de ver, en una renovación de la visión pictórica. Así, el impresionismo no sólo renovó los procedimientos técnicos de la pintura, sino también nuestra visión del mundo exterior.
Aunque supuso una reacción contra el realismo, rehusó, al igual que este, los temas académicos tradicionales de clásicos y románticos, centrando también su interés en la representación de la vida moderna. Pero rechazaron la tradicional práctica de la pintura en el taller para reivindicar la pintura al aire libre, lo que ha dado origen al término plenairsimo. Esta misma práctica trajo como consecuencia el rechazo de la pintura oscura y bituminosa, en que el negro jugaba papel fundamental para alcanzar una pintura <<clara>>, sin sombras negras, porque en la naturaleza, todas las sombras son transparentes y coloreadas, llenas de reflejos. Como igualmente supuso el tomar conciencia de que la forma y los colores de los objetos no son constantes, que varían según el grado de luminosidad, que la luz renueva sin cesar el espectáculo de las cosas, con lo que el sujeto del cuadro resulta un tanto indiferente en favor de la luz que lo transfigura.
Se trata, por tanto, de una concepción pictórica del mundo exterior totalmente nueva, en la que las figuras y los objetos pierden toda la consistencia y materialidad que les había proporcionado la práctica pictórica desde el Renacimiento, viéndose la naturaleza como una sucesión de apariencias, como una secuencia inestable, fluida y en movimiento, como un perpetuo devenir. Esto se tradujo en la práctica en una técnica pictórica que utiliza las pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, formando una estructura de toques de color, en la que el negro o bien es radicalmente suprimido o se reduce al mínimo.
El Impresionismo no conformó una escuela, ni fueron tampoco muchos los pintores que estrictamente lo practicaron, sino que es una actitud común de determinados artistas ante una serie de problemas pictóricos considerados por ellos esenciales. Estos problemas ya se venían presintiendo desde antes, como vemos en la indiferencia temática de obras de Constable y Turner, en que la luz y su diferente intensidad juegan un papel fundamental. Igualmente presienten, o de alguna forma predicen, lo que habría de venir, pintores como Delacroix, Courbet y Corot, pero sobre todo Daumier, Millet y la Escuela de Barbizon.
viernes, 30 de agosto de 2013
La filosofía desde sus orígenes al final de la Edad Media
La filosofía surge en Grecia, aproximadamente en los comienzos del siglo VI a.C. Como el resto de las culturas antiguas, la cultura griega se asentaba en el Mito, transmitido y enseñado por los poetas, educadores del pueblo, especialmente Homero y Hesíodo. A través de complejas narraciones y doctrinas sobre los dioses y los hombres, sobre las fuerzas que intervienen activamente en los acontecimientos cósmicos y humanos, el mito ofrecía respuestas orientadoras acerca de la naturaleza y destino del ser humano, acerca del origen y las normas de la sociedad en que el individuo humano se halla inserto y acerca del surgimiento y estructura del Cosmos. En los albores del siglo VI a. C y en consonancia con hondas transformaciones de carácter cultural y social, las inteligencias más despiertas sintieron la necesidad de sustituir las explicaciones míticas por otro tipo de explicación justificada de un modo racional.
Surgió así la Filosofía como intento de racionalizar la interpretación del hombre y del Universo, de las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. Si el Mito se caracterizaba por ofrecer respuestas a todos los enigmas fundamentales capaces de inquietar al hombre, la filosofía se caracterizó también por la radicalidad de sus planteamientos. La actitud filosófica es radical en un doble sentido: en cuanto sus cuestiones alcanzan a la totalidad de lo real y en cuanto que pretende llegar a los principios explicativos últimos de lo real. Desde su surgimiento, la Filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial -si no el elemento esencial- dinamizador de nuestra cultura.
La historia de la filosofía desde sus orígenes hasta el final de la Edad Media, es un amplio período histórico de veinte siglos en que cabría distinguir, a su vez, dos períodos o ciclos distintos: el correspondiente a la Edad Antigua y el correspondiente a la Edad Media. Esta subdivisión es, sin duda, legítima. Sin embargo, existen razones de carácter histórico y cultural que permiten considerar a ambos períodos como pertenecientes a un único ciclo filosófico. En primer lugar, considérense las relaciones entre el Cristianismo y la filosofía griega. De una parte, la asimilación de la filosofía griega por el cristianismo tiene lugar en la Edad Antigua: cuando El Imperio Romano se derrumba definitivamente, el pensamiento cristiano de orientación griega, platónica, había conseguido ya una implantación definitiva que culmina en la obra de S. Agustín. De otra parte, la Edad Media prolonga y desarrolla esta actitud asimiladora de la filosofía griega por parte de los pensadores cristianos: como tendremos ocasión de comprobar, el pensamiento Medieval se expresa a través de esquemas y conceptos griegos. En segundo lugar, ha de tenerse en cuenta el carácter específico del pensamiento del siglo XIV, es decir, del final de la Edad Media: la crítica desplegada en el siglo XIV contra los sistemas filosóficos medievales es, en realidad, una crítica dirigida contra los esquemas y conceptos griegos asimilados por el pensamiento cristiano e incorporados a éste desde la Edad Antigua y a lo largo de la Edad Media. El siglo XIV marca una reacción radical contra las bases griegas del pensamiento de los siglos anteriores. Es cierto que el Renacimiento verá un resurgir de los sistemas filosóficos griegos, pero este resurgir -coyuntural, por lo demás- traerá consigo una interpretación de la filosofía griega de signo muy distinto de la interpretación medieval de la misma.
Las dos fuerzas que más radicalemente informan nuestra cultura son la filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy podemos ser griegos o antigriegos, cristianos o anticristianos, pero en modo alguno podemos ser ni bárbaros ni paganos. El estudio de la Historia del pensamiento occidental mostrará la profunda verdad de esta afirmación.
Surgió así la Filosofía como intento de racionalizar la interpretación del hombre y del Universo, de las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. Si el Mito se caracterizaba por ofrecer respuestas a todos los enigmas fundamentales capaces de inquietar al hombre, la filosofía se caracterizó también por la radicalidad de sus planteamientos. La actitud filosófica es radical en un doble sentido: en cuanto sus cuestiones alcanzan a la totalidad de lo real y en cuanto que pretende llegar a los principios explicativos últimos de lo real. Desde su surgimiento, la Filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial -si no el elemento esencial- dinamizador de nuestra cultura.
La historia de la filosofía desde sus orígenes hasta el final de la Edad Media, es un amplio período histórico de veinte siglos en que cabría distinguir, a su vez, dos períodos o ciclos distintos: el correspondiente a la Edad Antigua y el correspondiente a la Edad Media. Esta subdivisión es, sin duda, legítima. Sin embargo, existen razones de carácter histórico y cultural que permiten considerar a ambos períodos como pertenecientes a un único ciclo filosófico. En primer lugar, considérense las relaciones entre el Cristianismo y la filosofía griega. De una parte, la asimilación de la filosofía griega por el cristianismo tiene lugar en la Edad Antigua: cuando El Imperio Romano se derrumba definitivamente, el pensamiento cristiano de orientación griega, platónica, había conseguido ya una implantación definitiva que culmina en la obra de S. Agustín. De otra parte, la Edad Media prolonga y desarrolla esta actitud asimiladora de la filosofía griega por parte de los pensadores cristianos: como tendremos ocasión de comprobar, el pensamiento Medieval se expresa a través de esquemas y conceptos griegos. En segundo lugar, ha de tenerse en cuenta el carácter específico del pensamiento del siglo XIV, es decir, del final de la Edad Media: la crítica desplegada en el siglo XIV contra los sistemas filosóficos medievales es, en realidad, una crítica dirigida contra los esquemas y conceptos griegos asimilados por el pensamiento cristiano e incorporados a éste desde la Edad Antigua y a lo largo de la Edad Media. El siglo XIV marca una reacción radical contra las bases griegas del pensamiento de los siglos anteriores. Es cierto que el Renacimiento verá un resurgir de los sistemas filosóficos griegos, pero este resurgir -coyuntural, por lo demás- traerá consigo una interpretación de la filosofía griega de signo muy distinto de la interpretación medieval de la misma.
Las dos fuerzas que más radicalemente informan nuestra cultura son la filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy podemos ser griegos o antigriegos, cristianos o anticristianos, pero en modo alguno podemos ser ni bárbaros ni paganos. El estudio de la Historia del pensamiento occidental mostrará la profunda verdad de esta afirmación.
miércoles, 21 de agosto de 2013
La autosuficiencia de la razón como fuente de conocimiento
Los términos "racionalismo" y "racionalista" son utilizados a menudo no solamente en filosofía, sino también en la lengua y conversación comunes. Si preguntáramos a cualquier persona ajena a la filosofía qué significan estos términos, tal vez nos contestaría que el racionalismo es aquella actitud que confiere una importancia, un valor fundamentales a la razón. Esta definición no es, desde luego, desatinada, pero peca de excesiva generalidad e imprecisión. No basta, en efecto, con indicar vagamente que se confiere a la razón un valor de fundamento, de principio supremo, sino que es necesario establecer qué se entiende por razón y respecto de qué se la considera principio. Lo uno y lo otro solamente puede ser definido si se señala con precisión: a) a qué factores o instancias se niega el rango de principio concedido a la razón (ya que conceder la primacía a un factor implica, obviamente, negársela a otro u otros factores); y b) en qué campo o esfera se concede a la razón el rango de fundamento o principio.
De las observaciones precedentes se deduce con facilidad que cabe hablar de racionalismo en distintos campos o esferas y que en cada una de éstas el término "racionalismo" adquirirá un significado específico y concreto. Consideremos solamente un ejemplo. A menudo se habla de racionalismo religioso. El término "racionalismo" se aplica en este caso a una esfera determinada, la esfera de lo religioso, y viene a significar aquella teoría que concede la primacía a la razón en la fundamentación y formulación de las ideas religiosas, negándosela a los dogmas y a la fe. El racionalismo religioso así entendido pretende construir una religión natural y universal, de la cual queden excluidos todos los dogmas y creencias que no sean estrictamente racionales. Este racionalismo religioso surge ya en el Renacimiento con el Platonismo y se extiende ampliamente durante los siglos XVII y XVIII.
A pesar de que pueda recibir distintas acepciones específicas y aplicarse en esferas distintas, el término "racionalismo" suele utilizarse primordialmente para denominar aquella corriente filosófica del Siglo XVII a la cual pertenecen Descartes y Leibniz, Espinoza y Malebranche. En este caso el racionalismo suele oponerse al empirismo, a la filosofía empirista inglesa del siglo XVIII.
Quizá la mejor forma de entender esta oposición sea referir ambas corrientes a la cuestión del origen del conocimiento. El Empirismo sostendrá que todos nuestros conocimientos proceden, en último término, de los sentidos, de la experiencia sensible. Por su parte, el racionalismo establece que nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de la razón del entendimiento mismo. En la esfera del conocimiento, la filosofía racionalista del Siglo XVII concede a la razón la principialidad en cuanto fuente y origen de los mismos, negándosela a los sentidos.
Para comprender esta afirmación característica del Racionalismo (nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden del entendimiento mismo) es conveniente tener en cuenta el ideal y el método de la ciencia moderna. El ideal de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo, en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros. El problema fundamental consiste en determinar de dónde provienen (y cómo es posible formular) las ideas y principios a partir de los cuales se deduce el cuerpo de las proposiciones, de los teoremas, de la ciencia. Ante este problema no caben más que dos posibles contestaciones: a) los principios, ideas y definiciones, a partir de los cuales se deduce el resto de las proposiciones científicas, provienen de la experiencia sensible, su origen se halla en la información que nos proporcionan los sentidos, y b) su origen no se halla en la experiencia sensible, sino que el entendimiento los posee en sí mismo y por sí mismo.
Esta última es la respuesta del Racionalismo. Las ideas y principios a partir de los cuales se ha de construir deductivamente nuestro conocimiento de la realidad no proceden de la experiencia. Ciertamente los sentidos nos suministran información acerca del Universo, pero esta información es confusa y a menudo incierta. Los elementos últimos de que ha de partir el conocimiento científico, las ideas claras y precisas que han de constituir el punto de partida no proceden de la experiencia, sino del entendimiento que las posee en sí mismo. Esta teoría racionalista acerca del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible. Dos son por tanto, las afirmaciones fundamentales del Racionalismo acerca del conocimiento: en primer lugar, que nuestro conocimiento acerca de la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes; en segundo lugar, que estas ideas y principios son innatos al entendimiento, que éste los posee en sí mismo al margen de toda la experiencia sensible.
De las observaciones precedentes se deduce con facilidad que cabe hablar de racionalismo en distintos campos o esferas y que en cada una de éstas el término "racionalismo" adquirirá un significado específico y concreto. Consideremos solamente un ejemplo. A menudo se habla de racionalismo religioso. El término "racionalismo" se aplica en este caso a una esfera determinada, la esfera de lo religioso, y viene a significar aquella teoría que concede la primacía a la razón en la fundamentación y formulación de las ideas religiosas, negándosela a los dogmas y a la fe. El racionalismo religioso así entendido pretende construir una religión natural y universal, de la cual queden excluidos todos los dogmas y creencias que no sean estrictamente racionales. Este racionalismo religioso surge ya en el Renacimiento con el Platonismo y se extiende ampliamente durante los siglos XVII y XVIII.
A pesar de que pueda recibir distintas acepciones específicas y aplicarse en esferas distintas, el término "racionalismo" suele utilizarse primordialmente para denominar aquella corriente filosófica del Siglo XVII a la cual pertenecen Descartes y Leibniz, Espinoza y Malebranche. En este caso el racionalismo suele oponerse al empirismo, a la filosofía empirista inglesa del siglo XVIII.
Quizá la mejor forma de entender esta oposición sea referir ambas corrientes a la cuestión del origen del conocimiento. El Empirismo sostendrá que todos nuestros conocimientos proceden, en último término, de los sentidos, de la experiencia sensible. Por su parte, el racionalismo establece que nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de la razón del entendimiento mismo. En la esfera del conocimiento, la filosofía racionalista del Siglo XVII concede a la razón la principialidad en cuanto fuente y origen de los mismos, negándosela a los sentidos.
Para comprender esta afirmación característica del Racionalismo (nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden del entendimiento mismo) es conveniente tener en cuenta el ideal y el método de la ciencia moderna. El ideal de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo, en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros. El problema fundamental consiste en determinar de dónde provienen (y cómo es posible formular) las ideas y principios a partir de los cuales se deduce el cuerpo de las proposiciones, de los teoremas, de la ciencia. Ante este problema no caben más que dos posibles contestaciones: a) los principios, ideas y definiciones, a partir de los cuales se deduce el resto de las proposiciones científicas, provienen de la experiencia sensible, su origen se halla en la información que nos proporcionan los sentidos, y b) su origen no se halla en la experiencia sensible, sino que el entendimiento los posee en sí mismo y por sí mismo.
Esta última es la respuesta del Racionalismo. Las ideas y principios a partir de los cuales se ha de construir deductivamente nuestro conocimiento de la realidad no proceden de la experiencia. Ciertamente los sentidos nos suministran información acerca del Universo, pero esta información es confusa y a menudo incierta. Los elementos últimos de que ha de partir el conocimiento científico, las ideas claras y precisas que han de constituir el punto de partida no proceden de la experiencia, sino del entendimiento que las posee en sí mismo. Esta teoría racionalista acerca del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible. Dos son por tanto, las afirmaciones fundamentales del Racionalismo acerca del conocimiento: en primer lugar, que nuestro conocimiento acerca de la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes; en segundo lugar, que estas ideas y principios son innatos al entendimiento, que éste los posee en sí mismo al margen de toda la experiencia sensible.
sábado, 17 de agosto de 2013
De los prejuicios de los filósofos
La voluntad de verdad, que todavía nos seducirá a correr más de un riesgo, esa famosa veracidad de la que todos los filósofos han hablado hasta ahora con veneración: ¡qué preguntas nos ha propuesto ya esa voluntad de verdad! ¡Qué extrañas, perversas, problemáticas preguntas! Es una historia ya larga, - ¿y no parece, sin embargo, que apenas acaba de iniciarse? ¿puede extrañar el que nosotros acabemos haciéndonos desconfiados, perdiendo la paciencia y dándonos la vuelta impacientes? ¿El que también nosotros, por nuestra parte, aprendamos de esa esfinge a preguntar? ¿Quién es propiamente el que aquí hace preguntas? ¿Qué cosa existente en nosotros es la que aspira propiamente a la <<verdad>>? - De hecho hemos estado detenidos durante largo tiempo ante la pregunta que interroga por la causa de ese querer, - hasta que hemos acabado deteniéndonos del todo ante una pregunta más radical aún. Hemos preguntado por el valor de esa voluntad. Suponiendo que nosotros queramos la verdad: ¿por qué no, más bien, la no-verdad? ¿Y la incertidumbre? ¿Y aún la ignorancia? - El problema del valor de la verdad se plantó delante de nosotros, - ¿o fuimos nosotros quienes nos plantamos delante del problema? ¿Quién de nosotros es aquí Edipo? ¿Quién Esfinge? Es éste, a lo que parece, un lugar donde preguntas y signos de interrogación se dan cita. - ¿Y se creería que a nosotros quiere parecernos, en última instancia, que el problema no ha sido planteado nunca hasta ahora, - que ha sido visto, afrontado, osado por vez primera por nosotros? Pues en él hay un riesgo, y acaso no exista ninguno mayor.
viernes, 12 de abril de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
UN POCO SOBRE ARTE
Para mí la técnica debe de estar siempre al servicio de la idea. Es de vital importancia comunicar los sentimientos, emociones del artista. La técnica se transforma en un impedimento hacia la profundización luminiscente de las emociones y sentimientos. La similitud de la obra con la estructura que plasmamos se desarrolla dentro de un plano de igualdad jerarquizada. Reversible en algunos casos. Lo análogo es un proceso de fluidez; un punto de encuentro entre obra y artista.
Los procesos rítmicos son imprescindibles. Una rítmica aplicada, un conocimiento del cromatismo, una estructuración adecuada y una temática que acerque al observador con el creador.
Toda idea de creación debe ser objetiva en unos momentos de la creación y subjetiva en otros.
El pintor es un labrador, un cantero de las ideas; un matemático con una serie de ecuaciones desarrolladas y otras que quedan por desarrollar. Un ser con unas manos ágiles. Unos dedos que hacen que los pinceles acaricien la tela o papel. Siempre escapando de lo científico para aproximarse a lo metafísico.
La composición la encontramos en una estrella...pintar...estudiar la naturaleza del entorno con el alma, no con la cabeza solamente. Que quiero decir que la estructura la encontramos en una estrella por sus puntos cardinales (rosa de los vientos). Está demostrado que en la antigua escritura mesopotámica. Entre el Tigris y el Eufrates eclosionó "la semilla", relacionando así la pictografía con los objetos reales; poco a poco el análisis va separando lo representado.
Salvador Dalí decía: "Todo se encuentra en los genes". No se puede decir que estuviese equivocado mi querido acompañante de delírios cromáticos. Lo que no va en los genes es la cultura. Debemos tener en cuenta que la visión humana es limitada. Al pintar, el movimiento del pincel debe procurarse que sea circular.
¡Hay que rizar el rizo!
El cabello que Henry Mattise guardaba y aplicaba con sus pinceles a sus lienzos, tablillas. El paralelismo que encontramos entre la mar y la naturaleza. "La chica con los cabellos de lino" (Debussy)formando parte de la contemplación y la acción, sin ninguna división. Como decía un gran músico e intelectual: "- Creo que el arte se aprende; pero no se puede enseñar". Manuel de Falla. Una gran cantidad de dibujos desenbocando en un océano de obras de arte. Un artista, es aquel que sigue jugando como un niño, pinta o crea con un gran tesón y entusiasmo. Se mancha en gradaciones y degradaciones cromáticas. Una persona que tal vez, sólo tal vez... Se sumerja, profundice e indague en la periferia pluricultural de un modo metafísico. Que tal vez... Solo tal vez sea el arte. El arte ya se encontraba entre nosotros antes que el homo sapiens. Las cuevas de Chauvet en Francia. Las cuevas de Altamira en España, son pertenecientes a los períodos glaciares.
Son una demostración del poder imaginativo e inventivo. Una técnica que no deja de asombrar. La capacidad de crear los pigmentos y plasmar los animales que se encontraban en sus cacerías. Gracias a los artistas hoy podemos tener una mayor comprensión de las civilizaciones de otro tiempo.
El arte, bajo mi punto de vista es necesario en más de un aspecto vital. Muestra quienes somos, la evolución socio-cultural. Una continua pujanza de crear lo que vemos en nuestro entorno o lo que está en nuestro subconsciente. La capacidad de crear es un estímulo cerebral, algo necesario para que continúe la evolución cultural. Cada País, cultura, religión crean sus propias representaciones con las cuales guardan un vínculo.
Las Bellas Artes no se encuentran únicamente en las instituciones. No obstante, observando las diferentes tendencias, descubrimos que las que más han influido e influyen son las creadas por artistas bohemios y en muchos casos autodidactas. Por supuesto que la técnica y el estudio no carecen de importancia para la verdadera creación artística. Nos gusta encontrarnos con algo nuevo, diferente de lo ya hecho. Algo renovador, evocador; que posea su frescor y una fluidez dentro de la creatividad. Una verdadera pujanza personal y social. Es importante saber observar en una obra pictórica lo que nos quiere decir el artista.
Algunos artistas se echan a perder por el dinero. Miremos hacia donde miremos encontraremos artistas cuya avaricia están condenando a su persona y al mundo de las bellas artes.
Yo bailaré, dibujaré, pintaré, a pesar de no tener fama rimaré y seguiré pintando lo que me guste y mi instinto y razón dictaminen. Un gran paso se da a partir de dar muchos pasos pequeños.
Lo bueno no se vive demasiadas veces, por ello debemos saber aprovechar los buenos momentos.
Tener en cuenta que nuestras experiencias son limitadas. Todos tenemos un don artístico. Las ideas son las que dan forma al artista.
Los procesos rítmicos son imprescindibles. Una rítmica aplicada, un conocimiento del cromatismo, una estructuración adecuada y una temática que acerque al observador con el creador.
Toda idea de creación debe ser objetiva en unos momentos de la creación y subjetiva en otros.
El pintor es un labrador, un cantero de las ideas; un matemático con una serie de ecuaciones desarrolladas y otras que quedan por desarrollar. Un ser con unas manos ágiles. Unos dedos que hacen que los pinceles acaricien la tela o papel. Siempre escapando de lo científico para aproximarse a lo metafísico.
La composición la encontramos en una estrella...pintar...estudiar la naturaleza del entorno con el alma, no con la cabeza solamente. Que quiero decir que la estructura la encontramos en una estrella por sus puntos cardinales (rosa de los vientos). Está demostrado que en la antigua escritura mesopotámica. Entre el Tigris y el Eufrates eclosionó "la semilla", relacionando así la pictografía con los objetos reales; poco a poco el análisis va separando lo representado.
Salvador Dalí decía: "Todo se encuentra en los genes". No se puede decir que estuviese equivocado mi querido acompañante de delírios cromáticos. Lo que no va en los genes es la cultura. Debemos tener en cuenta que la visión humana es limitada. Al pintar, el movimiento del pincel debe procurarse que sea circular.
¡Hay que rizar el rizo!
El cabello que Henry Mattise guardaba y aplicaba con sus pinceles a sus lienzos, tablillas. El paralelismo que encontramos entre la mar y la naturaleza. "La chica con los cabellos de lino" (Debussy)formando parte de la contemplación y la acción, sin ninguna división. Como decía un gran músico e intelectual: "- Creo que el arte se aprende; pero no se puede enseñar". Manuel de Falla. Una gran cantidad de dibujos desenbocando en un océano de obras de arte. Un artista, es aquel que sigue jugando como un niño, pinta o crea con un gran tesón y entusiasmo. Se mancha en gradaciones y degradaciones cromáticas. Una persona que tal vez, sólo tal vez... Se sumerja, profundice e indague en la periferia pluricultural de un modo metafísico. Que tal vez... Solo tal vez sea el arte. El arte ya se encontraba entre nosotros antes que el homo sapiens. Las cuevas de Chauvet en Francia. Las cuevas de Altamira en España, son pertenecientes a los períodos glaciares.
Son una demostración del poder imaginativo e inventivo. Una técnica que no deja de asombrar. La capacidad de crear los pigmentos y plasmar los animales que se encontraban en sus cacerías. Gracias a los artistas hoy podemos tener una mayor comprensión de las civilizaciones de otro tiempo.
El arte, bajo mi punto de vista es necesario en más de un aspecto vital. Muestra quienes somos, la evolución socio-cultural. Una continua pujanza de crear lo que vemos en nuestro entorno o lo que está en nuestro subconsciente. La capacidad de crear es un estímulo cerebral, algo necesario para que continúe la evolución cultural. Cada País, cultura, religión crean sus propias representaciones con las cuales guardan un vínculo.
Las Bellas Artes no se encuentran únicamente en las instituciones. No obstante, observando las diferentes tendencias, descubrimos que las que más han influido e influyen son las creadas por artistas bohemios y en muchos casos autodidactas. Por supuesto que la técnica y el estudio no carecen de importancia para la verdadera creación artística. Nos gusta encontrarnos con algo nuevo, diferente de lo ya hecho. Algo renovador, evocador; que posea su frescor y una fluidez dentro de la creatividad. Una verdadera pujanza personal y social. Es importante saber observar en una obra pictórica lo que nos quiere decir el artista.
Algunos artistas se echan a perder por el dinero. Miremos hacia donde miremos encontraremos artistas cuya avaricia están condenando a su persona y al mundo de las bellas artes.
Yo bailaré, dibujaré, pintaré, a pesar de no tener fama rimaré y seguiré pintando lo que me guste y mi instinto y razón dictaminen. Un gran paso se da a partir de dar muchos pasos pequeños.
Lo bueno no se vive demasiadas veces, por ello debemos saber aprovechar los buenos momentos.
Tener en cuenta que nuestras experiencias son limitadas. Todos tenemos un don artístico. Las ideas son las que dan forma al artista.
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