Constantemente recibimos imágenes a través del cine, la televisión, los libros, revistas e Internet, que nos permiten hacernos una idea, aunque sea de manera superficial, de muchas de las obras clave de la historia de la arquitectura. La facilidad para viajar por todo el mundo a través de Internet, ha hecho posible que muchos edificios sean asequibles a un amplio público. Por otro lado, en nuestra vida diaria nos vemos rodeados de edificios con los que mantenemos una relación mucho más estrecha. La posibilidad de pararnos y volverlos a observar, conociéndolos un poco más, puede resultar una experiencia enriquecedora para nuestra curiosidad e inteligencia. Entender la arquitectura requiere cierta capacidad para juzgarla y valorarla con objetividad, considerando su presencia material, así como sus aspectos funcionales y simbólicos. La arquitectura ha sufrido una continua evolución, lo cual constituye un testimonio del desarrollo cultural y de los gustos de generaciones sucesivas. Para poder comprender la enorme variedad de los estilos arquitectónicos, el estudio de la arquitectura ha de tener un punto de partida y una dirección determinadas. La historia de la arquitectura occidental se ha elaborado desde el estudio de los restos arquitectónicos del antiguo Egipto, de la Grecia clásica y del Imperio Romano, por lo que la cultura occidental ha valorado con preferencia la arquitectura clásica y el modelo grecorromano. Hasta el siglo XIX, el estilo gótico era considerado producto de una era oscura y bárbara. En ese siglo cobra mayor interés el estudio del mundo medieval, sistematizando la evolución del estilo gótico y valorando las tradiciones bizantina y románica. La arquitectura moderna, surgida con el desarrollo de ideas aparecidas en la Revolución Industrial, polariza el mundo de la arquitectura en dos tendencias contrapuestas: la nostalgia hacia el pasado y su rechazo. En la primera actitud se idealiza románticamente el pasado, y en la segunda se pretende diseñar el futuro de la arquitectura partiendo de cero. Sin embargo, la cultura postmoderna es más plural, permitiendo la existencia simultánea de diferentes enfoques, aunque desde un mismo punto de partida cultural.
LA CULTURA MATERIAL La interpretación de la historia de la arquitectura está condicionada por los edificios que se han conservado. La mayor importancia que se da a la arquitectura monumental en piedra se debe en parte al carácter imperecedero de este tipo de construcción. En la actualidad, los modernos métodos de análisis arqueológico permiten conocer otras culturas que utilizaron, o utilizan, la madera, los tejidos, el barro, como materiales de construcción.
MANERAS DE VER LA ARQUITECTURA En el siglo XVII, el viajero, erudito y poeta sir Henry Wotton (1568-1639), basándose en una tradición que partía del arquitecto y teórico romano del siglo I Vitruvio, definió las características que habría de tener la arquitectura: resistencia, comodidad y belleza. La resistencia hace referencia a sus cualidades estructurales y constructivas; la comodidad es su adecuación a la función; y la belleza sería la respuesta emocional ante la obra realizada. A finales del siglo XIX, el arquitecto estadounidense Louis Sullivan (1856-1924) dijo que "la forma es consecuencia de la función", un reflejo de la búsqueda de métodos más eficaces para proporcionar a la sociedad las nuevas tipologías arquitectónicas que su rápida industrialización exigía. En el presente siglo, Le Corbusier (1887-1966) definió la arquitectura como "el juego sabio y maravilloso de los volúmenes bajo la luz", elevando la forma arquitectónica a un plano espiritual. Sin embargo, la sociedad no siempre ha admitido las nuevas ideas con tanta rapidez. La lenta evolución de la arquitectura egipcia, por ejemplo, está relacionada con una continuidad cultural y espiritual, que hizo surgir y consagrar como inmutables unas tipologías arquitectónicas que perdurarían muchos siglos. El análisis de los sistemas constructivos, la función y la forma ayudarán a seguir el desarrollo de la arquitectura a través de la historia. Si bien, el análisis tecnológico puede ser revelador, parte de un punto de vista típicamente contemporáneo. Los valores espirituales de muchos edificios tenían mayor significado para quienes los levantaron que los métodos constructivos. Era más importante para el prestigio de la obra arquitectónica el nombre del comiente y su carácter simbólico que los nombres de sus constructores y los métodos empleados. El culto al individuo, a los estilos personales de cada artista y a las escuelas arquitectónicas se pone de manifiesto en el Renacimiento, al elevarse la posición social del artista y evolucionar la metodología arquitectónica. En la medida en que los edificios se van haciendo más complejos y su velocidad de construcción es cada vez mayor, los métodos constructivos van cobrando mayor relevancia. Los sistemas tradicionales, en los que con una mano de obra abundante y barata se levantaba un edificio mediante una tecnología elemental, han sido sustituidos por los métodos modernos, con menor mano de obra y una tecnología más compleja.
sábado, 1 de noviembre de 2014
miércoles, 29 de octubre de 2014
OBSERVAR UN CUADRO
Es propio de nuestra época el interés masivo del público por los grandes artistas y las facilidades para ver y estudiar sus obras. Y sin embargo muchas de las pinturas mostradas aparecen en entornos ajenos al arte, como anuncios o tarjetas de felicitación. En otras palabras: no son realmente observadas, pues ver no es lo mismo que observar; ni oír igual que escuchar: ver no entraña más esfuerzo que el de abrir los ojos; observar significa abrir el espíritu y poner a prueba el intelecto. Observar un cuadro es emprender un viaje lleno de posibilidades, entre ellas la de compartir las visiones de otra época; y como todo viaje, cuanto mejor se prepare, más gratificante resultará. La mejor forma de viajar es con alguien que haga reparar al visitante en aquello que podría pasar inadvertido.
A continuación detallo las 6 directrices.
TEMA
Todos los cuadros tienen motivos específicos, cada uno de los cuales transmite un mensaje. A menudo es fácil de reconocer; pero muchas veces, sobre todo en las obras antiguas, los artistas eligieron historias bíblicas o de la mitología grecorromana, sabedores de que les resultarían familiares a sus destinatarios. Redescubrir esos mitos y leyendas en nuestros días puede ser uno de los mayores placeres al contemplar un cuadro.
TÉCNICA
La comprensión de las técnicas empleadas en una obra de arte -la pintura al óleo o el fresco, por ejemplo- ayuda a entender y apreciarla en su justa medida. Casi todas las obras pictóricas destacan por su pericia e innovación técnica.
SIMBOLISMO
Muchas obras utilizan un lenguaje simbólico y alegórico entendido en su día por los pintores y su público. Los objetos no representan sólo su forma física, sino que encarnan conceptos mucho más profundos y abstractos. Hoy la familiaridad con este lenguaje es mucho menor, pero puede aprenderse o redescubrirse estudiando los cuadros y las creencias de la sociedad del momento.
EL ESPACIO Y LA LUZ
Los artistas que buscan una plasmación convincente del mundo en la superficie lisa de una tabla o lienzo precisan dominar la ilusión del espacio y la luz. La diversidad de formas con que se crea tal ilusión es enorme. En algunos casos el mayor placer visual de un cuadro radica en el modo en que el artista ha tratado estas dos huidizas cualidades.
ESTILO HISTÓRICO
Todos los períodos históricos han generado un estilo reconocible en las obras de sus artistas señeros. Los estilos no existen de forma aislada, sino que se reflejan en todas las artes; así se puede rastrear la evolución de la pintura desde sus orígenes hasta la época moderna.
INTERPRETACIÓN PERSONAL
Todo aquel que se lance a explorar los significados de un cuadro quedará sorprendido por la multiplicidad de puntos de vista que se le ofrecen. Un principio fiable es el siguiente: si ve algo por sí mismo, créalo, digan los demás lo que digan; si no lo ve, no lo crea. Todo el mundo tiene derecho a interpretar libremente una obra de arte partiendo de su visión y experiencias personales.
El conocimiento de la historia, la técnica y otros aspectos debería ampliar esa experiencia; pero si la dimensión personal (o espiritual) se pierde, contemplar un cuadro vendrá a ser lo mismo que mirar -y tratar de resolver- un rompecabezas.
A continuación detallo las 6 directrices.
TEMA
Todos los cuadros tienen motivos específicos, cada uno de los cuales transmite un mensaje. A menudo es fácil de reconocer; pero muchas veces, sobre todo en las obras antiguas, los artistas eligieron historias bíblicas o de la mitología grecorromana, sabedores de que les resultarían familiares a sus destinatarios. Redescubrir esos mitos y leyendas en nuestros días puede ser uno de los mayores placeres al contemplar un cuadro.
TÉCNICA
La comprensión de las técnicas empleadas en una obra de arte -la pintura al óleo o el fresco, por ejemplo- ayuda a entender y apreciarla en su justa medida. Casi todas las obras pictóricas destacan por su pericia e innovación técnica.
SIMBOLISMO
Muchas obras utilizan un lenguaje simbólico y alegórico entendido en su día por los pintores y su público. Los objetos no representan sólo su forma física, sino que encarnan conceptos mucho más profundos y abstractos. Hoy la familiaridad con este lenguaje es mucho menor, pero puede aprenderse o redescubrirse estudiando los cuadros y las creencias de la sociedad del momento.
EL ESPACIO Y LA LUZ
Los artistas que buscan una plasmación convincente del mundo en la superficie lisa de una tabla o lienzo precisan dominar la ilusión del espacio y la luz. La diversidad de formas con que se crea tal ilusión es enorme. En algunos casos el mayor placer visual de un cuadro radica en el modo en que el artista ha tratado estas dos huidizas cualidades.
ESTILO HISTÓRICO
Todos los períodos históricos han generado un estilo reconocible en las obras de sus artistas señeros. Los estilos no existen de forma aislada, sino que se reflejan en todas las artes; así se puede rastrear la evolución de la pintura desde sus orígenes hasta la época moderna.
INTERPRETACIÓN PERSONAL
Todo aquel que se lance a explorar los significados de un cuadro quedará sorprendido por la multiplicidad de puntos de vista que se le ofrecen. Un principio fiable es el siguiente: si ve algo por sí mismo, créalo, digan los demás lo que digan; si no lo ve, no lo crea. Todo el mundo tiene derecho a interpretar libremente una obra de arte partiendo de su visión y experiencias personales.
El conocimiento de la historia, la técnica y otros aspectos debería ampliar esa experiencia; pero si la dimensión personal (o espiritual) se pierde, contemplar un cuadro vendrá a ser lo mismo que mirar -y tratar de resolver- un rompecabezas.
Giorgio De Chirico
"Los autómatas ya se multiplican y sueñan". Esta frase, siempre que se la ha encontrado, ha hecho surgir de forma inevitable en los espíritus la imagen de un cuadro de Giorgio De Chirico. La figura de este artista es, sin duda, una de las más fascinantes de las que recorrieron Europa en las primeras décadas del siglo XX. Para seguir el rastro de De Chirico hay que remontarse mucho antes del nacimiento del surrealismo, entre 1911 y 1917. En aquellos años, solo y contra la corriente de lo que entonces se llamaba espíritu moderno, el "Maestro de los Enigmas", situaba el decorado de un universo visionario, no en el sentido de un apocalipsis, sino, unido a una visión totalmente vuelta hacia el interior, hacia la cara oculta del ser. Su arte, de este modo, resultaba ser una visión interior de gran poder subyugador. Plazas desiertas bordeadas por palacios con arcadas; pórticos, estatuas y algunos paseantes solitarios que proyectan a lo lejos, en el atardecer, sus sombras alargadas, perdiéndose la angustiosa perspectiva en un horizonte verdoso, atravesando una locomotora y sus vagones la escena y arrastrando consigo su penacho de humo, el vacío por doquier, la ausencia, cierta emoción a la espera de alguna manifestación inimaginable; éstos fueron algunos de los medios de gran simplicidad con los que De Chirico lograba traducir lo que Nerval llamaba "La efusión del sueño en la vida real". Sus obras transmiten todavía hoy en día sentimientos de profundo extrañamiento, una suerte de desesperanza que de tan asumida ya no duele, sino que se antoja una condena de por vida contra la cual ya no vale la pena ni dolerse, ni mucho menos cualquier atisbo de rebelión. De Chirico logra comunicar sentimientos de tristeza ontológica y de magia sombría, una nostalgia que parece imantar desde estas obras que, además, quedaban acentuadas no sólo por la calidad de los títulos, pues éstos amplificaban el efecto de las mismas. Valgan, como ejemplo, alguno de los títulos: "Misterio y melancolía de una calle", "El enigma de la hora", "Nostalgia del infinito" y otros. Por otro lado, a la época de las estatuas y las arcadas debía suceder la de los maniquíes y de los interiores, coincidiendo con el nacimiento de la escuela metafísica. Indudablemente, la obra maestra de la citada escuela es las "Musas inquietantes" (colección Gianni Mattioli). Los maniquíes sin rostro, erguidos en medio de un lugar desierto ante el lejano perfil del castillo de Este, con juguetes y accesorios a sus pies, son la imagen misma de los durmientes, inspirados de la época de los "sueños". A continuación, De Chirico renegó de estas obras, de las que podría pensarse que le fueron dictadas por "otro" que había en él. Lo importante de estas obras es que se convirtieron en pioneras del nuevo movimiento que habría de venir.
Nace el surrealismo
El Manifiesto del Surrealismo de 1924, jalona el movimiento histórico del movimiento. Esta declaración de derechos y deberes del poeta es hoy universalmente conocida y son muchos los que se saben de memoria las frases de Breton que ondean al viento de la tempestad como otras tantas banderas negras: "El hombre, ese soñador definitivo...", "Querida imaginación: lo que amo sobre todo en ti es que tú no perdonas"; "La sola palabra libertad es lo único que aún me exalta".
Estas frases irrumpían en un mundo que la guerra había minado moral e intelectualmente. Desde el Romanticismo y algunos destellos del Simbolismo, no se había oído un llamamiento apremiante formulado de modo tan perentorio. Su efecto tuvo fuerte repercusión y sus ondas propagaron el mensaje hasta nuestros días. Breton dio la siguiente definición del surrealismo: "Automatismo psíquico puro por el cual nos proponemos expresar, sea por escrito, verbalmente o de cualquier otra forma, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral". A lo que seguía un comentario filosófico: "El surrealismo descansa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación no tenidas en cuenta hasta hoy, de la omnipotencia del sueño, del proceso desinteresado del pensamiento. Tiende a arrasar definitivamente todos los mecanismos psíquicos restantes y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida".
El mismo año se inauguraba, en el número 15 de la calle "Grenelle", el Centro de Investigaciones Surrealistas, al que Aragón calificó de "romántico albergue para las ideas indeseables y las rebeliones perseguidas". Finalmente, el 1 de Diciembre de 1924 apareció el primer número de "La Révolution Surréaliste", con un prefacio firmado por J. A. Boiffard, P. Eluard y R. Vitrac, que empezaba así:
"Como el proceso del conocimiento ya no tiene lugar y la inteligencia no se tiene ya en cuenta, sólo el sueño deja íntegro el derecho del hombre a la libertad. Gracias al sueño, la muerte no tiene ya un sentido oscuro y el sentido de la vida se vuelve diferente". Luego se encuentra esta frase que justifica el análisis realizado del "Movimiento desenfocado": "Todo es murmullo, coincidencia; el silencio y la llama arrebatan su propia revelación".
Estas frases irrumpían en un mundo que la guerra había minado moral e intelectualmente. Desde el Romanticismo y algunos destellos del Simbolismo, no se había oído un llamamiento apremiante formulado de modo tan perentorio. Su efecto tuvo fuerte repercusión y sus ondas propagaron el mensaje hasta nuestros días. Breton dio la siguiente definición del surrealismo: "Automatismo psíquico puro por el cual nos proponemos expresar, sea por escrito, verbalmente o de cualquier otra forma, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral". A lo que seguía un comentario filosófico: "El surrealismo descansa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación no tenidas en cuenta hasta hoy, de la omnipotencia del sueño, del proceso desinteresado del pensamiento. Tiende a arrasar definitivamente todos los mecanismos psíquicos restantes y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida".
El mismo año se inauguraba, en el número 15 de la calle "Grenelle", el Centro de Investigaciones Surrealistas, al que Aragón calificó de "romántico albergue para las ideas indeseables y las rebeliones perseguidas". Finalmente, el 1 de Diciembre de 1924 apareció el primer número de "La Révolution Surréaliste", con un prefacio firmado por J. A. Boiffard, P. Eluard y R. Vitrac, que empezaba así:
"Como el proceso del conocimiento ya no tiene lugar y la inteligencia no se tiene ya en cuenta, sólo el sueño deja íntegro el derecho del hombre a la libertad. Gracias al sueño, la muerte no tiene ya un sentido oscuro y el sentido de la vida se vuelve diferente". Luego se encuentra esta frase que justifica el análisis realizado del "Movimiento desenfocado": "Todo es murmullo, coincidencia; el silencio y la llama arrebatan su propia revelación".
domingo, 22 de septiembre de 2013
HISTORICISMO Y VITALISMO
Bajo la denominación de <<vitalismo>> suele comprenderse un conjunto de filósofos cuya reflexión gira en torno al tema de la vida, como Friedrich Nietzsche, W. Dilthey, J. Ortega y Gasset y H. Bergson. La agrupación de todos estos autores -y otros menos significativos- bajo la misma denominación no deja de prestarse a ambigüedades. En efecto, el término <<vitalismo>> puede hacer referencia a dos conceptos distintos de <<vida>>: la vida en sentido biológico, es decir, como existencia humana vivida. Este último concepto de vida se halla en relación esencial con el concepto de <<vivencia>>.
De los cuatro filósofos vitalistas arriba citados, W. Dilthey centró su reflexión en la vida entendida del segundo modo. Ortega y Gasset se ocupó de la vida en ambos sentidos, si bien cabe afirmar que en sus primeras obras (por ejemplo, El tema de nuestro tiempo) se ocupó más de la vida biológicamente entendida, mientras que en su producción posterior prestó una atención preferente a la vida humana, en un sentido muy próximo al de Dilthey. En el caso de Nietzsche, el concepto de vida es biológico-cultural y abarca, por tanto, ambas dimensiones, el impulso y la vivencia. El vitalismo de Bergson, en fin, formula el concepto de vida como impulso vital universal que se expande evolutiva y ascendentalmente en lucha contra el peso retardatario de la materia. El vitalismo, en Bergson, deviene evolucionismo, o bien, el evolucionismo se explica desde una perspectiva vitalista universal.
El enunciado de lo escrito se refiere, por lo demás, a Vitalismo e Historicismo. En el caso del concepto de vida que hemos denominado <<biográfico>> (la vida como existencia vivida) la conexión entre Vitalismo e Historicismo es esencial. En efecto, la vida humana es, por naturaleza, temporal y temporales son las realizaciones humanas, individuales y colectivas. De ahí que la Historicidad sea rasgo esencial de las realizaciones culturales, y éstas, por tanto, no puedan ser comprendidas ni interpretadas adecuadamente a no ser desde la perspectiva histórica. Dilthey y Ortega, en consecuencia, pueden ser considerados, en cierto sentido, como historicistas. Puede decirse que la filosofía moderna, en líneas generales, se va constituyendo, de una parte, frente a la concepción del mundo que tuvo la Edad Media y especialmente frente a aquella determinada Metafísica que subyacía y fundaba teóricamente esa concepción; y de otra parte, en una estrecha relación con el nacimiento y desarrollo de la ciencia. El hilo conductor que la filosofía moderna sigue en su constitución en el doble frente señalado es "el análisis de la razón" con el fin de fundar "filosóficamente" las ciencias, emitir un juicio fundado sobre las grandes cuestiones que se imponen al hombre (Metafísica) y alcanzar un conocimiento de esta "razón" y de su naturaleza.
En este proceso de la filosofía moderna, la obra de Kant vino a representar un peculiar modo de afrontar estas cuestiones. Se ocupó -y lo señalamos en la medida en que ahora nos interesa- de una fundamentación de las ciencias de la naturaleza, mediante un "análisis de la razón" (Crítica) considerada según una estructura a priori. Por otra parte, el desarrollo de las ciencias naturales siguió su proceso creciente, incrementándose la reducción del saber filosófico a la experiencia natural.
Bien es verdad que la filosofía de Hegel había venido a potenciar la importancia de la dimensión histórica de la razón. Pero la interpretación hegeliana de la razón vino a considerar a ésta, en último término (y en cualquier caso así fue Hegel entendido), como una "razón lógica", como "idea". De modo que el descubrimiento y tematización de la dimensión histórica de la razón, y también de todas las ciencias del Espíritu, acabaron extremadamente "logicizadas", con lo que se vino a desconocer el carácter propio de estas ciencias del espíritu, con el consiguiente riesgo -muy real, por lo demás- de que la explicación de su naturaleza fuese llevada a cabo desde las ciencias de la Naturaleza, y lo "espiritual" fuese entendido como una mera expresión de lo "natural". Pues bien, el problema con el que se encuentra Dilthey es el de la necesidad de llevar a cabo una clara distinción entre las Ciencias de la Naturaleza y las Ciencias del Espíritu, y establecer fundadamente el método genuino de estas últimas así como su "naturaleza". Las ciencias del Espíritu tienen por objeto el hombre en la totalidad de sus manifestaciones y expresiones culturales; manifestaciones que, como el hombre mismo, tienen un carácter histórico. El problema de Dilthey va a ser, pues, cómo llevar a cabo una fundada comprensión de la vida humana histórica y de las ciencias del espíritu. "El conocimiento de la realidad histórico-social -escribe Dilthey-, se lleva a cabo en las ciencias particulares del espíritu. Pero éstas reclaman una conciencia acerca de la relación de sus verdades con la realidad cuyo contenido parcial son, así como la relación con otras verdades que, lo mismo que ellas, han sido abstraídas de esta realidad, y sólo semejante conciencia podrá prestar a sus conceptos plena claridad y a sus proposiciones una evidencia total. De estas premisas deriva la misión de desarrollar un fundamento gnoseológico de las ciencias del espíritu, y luego, la de utilizar el recurso así creado para determinar la conexión interna de las ciencias particulares del espíritu, las fronteras dentro de las cuales es posible en cada una de ellas el conocimiento, y la relación recíproca de sus verdades. La solución de esta tarea podría designarse como crítica de la razón histórica, es decir, de la capacidad del hombre para conocerse a sí mismo y a la sociedad y la historia creadas por él"
De los cuatro filósofos vitalistas arriba citados, W. Dilthey centró su reflexión en la vida entendida del segundo modo. Ortega y Gasset se ocupó de la vida en ambos sentidos, si bien cabe afirmar que en sus primeras obras (por ejemplo, El tema de nuestro tiempo) se ocupó más de la vida biológicamente entendida, mientras que en su producción posterior prestó una atención preferente a la vida humana, en un sentido muy próximo al de Dilthey. En el caso de Nietzsche, el concepto de vida es biológico-cultural y abarca, por tanto, ambas dimensiones, el impulso y la vivencia. El vitalismo de Bergson, en fin, formula el concepto de vida como impulso vital universal que se expande evolutiva y ascendentalmente en lucha contra el peso retardatario de la materia. El vitalismo, en Bergson, deviene evolucionismo, o bien, el evolucionismo se explica desde una perspectiva vitalista universal.
El enunciado de lo escrito se refiere, por lo demás, a Vitalismo e Historicismo. En el caso del concepto de vida que hemos denominado <<biográfico>> (la vida como existencia vivida) la conexión entre Vitalismo e Historicismo es esencial. En efecto, la vida humana es, por naturaleza, temporal y temporales son las realizaciones humanas, individuales y colectivas. De ahí que la Historicidad sea rasgo esencial de las realizaciones culturales, y éstas, por tanto, no puedan ser comprendidas ni interpretadas adecuadamente a no ser desde la perspectiva histórica. Dilthey y Ortega, en consecuencia, pueden ser considerados, en cierto sentido, como historicistas. Puede decirse que la filosofía moderna, en líneas generales, se va constituyendo, de una parte, frente a la concepción del mundo que tuvo la Edad Media y especialmente frente a aquella determinada Metafísica que subyacía y fundaba teóricamente esa concepción; y de otra parte, en una estrecha relación con el nacimiento y desarrollo de la ciencia. El hilo conductor que la filosofía moderna sigue en su constitución en el doble frente señalado es "el análisis de la razón" con el fin de fundar "filosóficamente" las ciencias, emitir un juicio fundado sobre las grandes cuestiones que se imponen al hombre (Metafísica) y alcanzar un conocimiento de esta "razón" y de su naturaleza.
En este proceso de la filosofía moderna, la obra de Kant vino a representar un peculiar modo de afrontar estas cuestiones. Se ocupó -y lo señalamos en la medida en que ahora nos interesa- de una fundamentación de las ciencias de la naturaleza, mediante un "análisis de la razón" (Crítica) considerada según una estructura a priori. Por otra parte, el desarrollo de las ciencias naturales siguió su proceso creciente, incrementándose la reducción del saber filosófico a la experiencia natural.
Bien es verdad que la filosofía de Hegel había venido a potenciar la importancia de la dimensión histórica de la razón. Pero la interpretación hegeliana de la razón vino a considerar a ésta, en último término (y en cualquier caso así fue Hegel entendido), como una "razón lógica", como "idea". De modo que el descubrimiento y tematización de la dimensión histórica de la razón, y también de todas las ciencias del Espíritu, acabaron extremadamente "logicizadas", con lo que se vino a desconocer el carácter propio de estas ciencias del espíritu, con el consiguiente riesgo -muy real, por lo demás- de que la explicación de su naturaleza fuese llevada a cabo desde las ciencias de la Naturaleza, y lo "espiritual" fuese entendido como una mera expresión de lo "natural". Pues bien, el problema con el que se encuentra Dilthey es el de la necesidad de llevar a cabo una clara distinción entre las Ciencias de la Naturaleza y las Ciencias del Espíritu, y establecer fundadamente el método genuino de estas últimas así como su "naturaleza". Las ciencias del Espíritu tienen por objeto el hombre en la totalidad de sus manifestaciones y expresiones culturales; manifestaciones que, como el hombre mismo, tienen un carácter histórico. El problema de Dilthey va a ser, pues, cómo llevar a cabo una fundada comprensión de la vida humana histórica y de las ciencias del espíritu. "El conocimiento de la realidad histórico-social -escribe Dilthey-, se lleva a cabo en las ciencias particulares del espíritu. Pero éstas reclaman una conciencia acerca de la relación de sus verdades con la realidad cuyo contenido parcial son, así como la relación con otras verdades que, lo mismo que ellas, han sido abstraídas de esta realidad, y sólo semejante conciencia podrá prestar a sus conceptos plena claridad y a sus proposiciones una evidencia total. De estas premisas deriva la misión de desarrollar un fundamento gnoseológico de las ciencias del espíritu, y luego, la de utilizar el recurso así creado para determinar la conexión interna de las ciencias particulares del espíritu, las fronteras dentro de las cuales es posible en cada una de ellas el conocimiento, y la relación recíproca de sus verdades. La solución de esta tarea podría designarse como crítica de la razón histórica, es decir, de la capacidad del hombre para conocerse a sí mismo y a la sociedad y la historia creadas por él"
lunes, 16 de septiembre de 2013
Continuando por el sendero
Esta obra es una de mis acuarelas. Uno de mis mayores aspiraciones es la de ser pintor artístico. Ya hice exposiciones en cuatro salas. Conseguí vender obras de arte a personas relacionadas con el mundo del arte. Espero que dentro de unos años, después de que termine de estudiar logre que mi nombre esté relacionado con el mundo del arte. Mientras tanto me conformaré con pintar aquello que me gusta y me hace sentir bien.
domingo, 8 de septiembre de 2013
IMPRESIONISMO
En primer lugar, hay que hacer la precisión de que el impresionismo es estrictamente una escuela pictórica que se da en Francia. Aunque haya una tendencia a calificar como impresionistas a toda una serie de pintores de otros países, contemporáneos o posteriores a dicho movimiento, la realidad es que, "ni las intenciones ni la técnica se asimilan perfectamente a la del grupo parisiense, único, que puede llevar de modo idóneo el calificativo de impresionista". Hecha esta salvedad, a modo de aclaración, pasemos a ver cómo se originó dicho movimiento, sus premisas y su historia.
Aunque el realismo había supuesto un gran avance en la representación de la vida moderna, siguió, sin embargo, apegado a la pintura de taller y sus tradicionales contrastes de luces y sombras. Será la generación siguiente la que, aspirando a una pintura más clara y aérea, intentando captar los aspectos fugitivos de la naturaleza, produzca una de las revoluciones más importantes en la historia de la pintura. Esta concluyó en un nuevo modo de ver, en una renovación de la visión pictórica. Así, el impresionismo no sólo renovó los procedimientos técnicos de la pintura, sino también nuestra visión del mundo exterior.
Aunque supuso una reacción contra el realismo, rehusó, al igual que este, los temas académicos tradicionales de clásicos y románticos, centrando también su interés en la representación de la vida moderna. Pero rechazaron la tradicional práctica de la pintura en el taller para reivindicar la pintura al aire libre, lo que ha dado origen al término plenairsimo. Esta misma práctica trajo como consecuencia el rechazo de la pintura oscura y bituminosa, en que el negro jugaba papel fundamental para alcanzar una pintura <<clara>>, sin sombras negras, porque en la naturaleza, todas las sombras son transparentes y coloreadas, llenas de reflejos. Como igualmente supuso el tomar conciencia de que la forma y los colores de los objetos no son constantes, que varían según el grado de luminosidad, que la luz renueva sin cesar el espectáculo de las cosas, con lo que el sujeto del cuadro resulta un tanto indiferente en favor de la luz que lo transfigura.
Se trata, por tanto, de una concepción pictórica del mundo exterior totalmente nueva, en la que las figuras y los objetos pierden toda la consistencia y materialidad que les había proporcionado la práctica pictórica desde el Renacimiento, viéndose la naturaleza como una sucesión de apariencias, como una secuencia inestable, fluida y en movimiento, como un perpetuo devenir. Esto se tradujo en la práctica en una técnica pictórica que utiliza las pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, formando una estructura de toques de color, en la que el negro o bien es radicalmente suprimido o se reduce al mínimo.
El Impresionismo no conformó una escuela, ni fueron tampoco muchos los pintores que estrictamente lo practicaron, sino que es una actitud común de determinados artistas ante una serie de problemas pictóricos considerados por ellos esenciales. Estos problemas ya se venían presintiendo desde antes, como vemos en la indiferencia temática de obras de Constable y Turner, en que la luz y su diferente intensidad juegan un papel fundamental. Igualmente presienten, o de alguna forma predicen, lo que habría de venir, pintores como Delacroix, Courbet y Corot, pero sobre todo Daumier, Millet y la Escuela de Barbizon.
Aunque el realismo había supuesto un gran avance en la representación de la vida moderna, siguió, sin embargo, apegado a la pintura de taller y sus tradicionales contrastes de luces y sombras. Será la generación siguiente la que, aspirando a una pintura más clara y aérea, intentando captar los aspectos fugitivos de la naturaleza, produzca una de las revoluciones más importantes en la historia de la pintura. Esta concluyó en un nuevo modo de ver, en una renovación de la visión pictórica. Así, el impresionismo no sólo renovó los procedimientos técnicos de la pintura, sino también nuestra visión del mundo exterior.
Aunque supuso una reacción contra el realismo, rehusó, al igual que este, los temas académicos tradicionales de clásicos y románticos, centrando también su interés en la representación de la vida moderna. Pero rechazaron la tradicional práctica de la pintura en el taller para reivindicar la pintura al aire libre, lo que ha dado origen al término plenairsimo. Esta misma práctica trajo como consecuencia el rechazo de la pintura oscura y bituminosa, en que el negro jugaba papel fundamental para alcanzar una pintura <<clara>>, sin sombras negras, porque en la naturaleza, todas las sombras son transparentes y coloreadas, llenas de reflejos. Como igualmente supuso el tomar conciencia de que la forma y los colores de los objetos no son constantes, que varían según el grado de luminosidad, que la luz renueva sin cesar el espectáculo de las cosas, con lo que el sujeto del cuadro resulta un tanto indiferente en favor de la luz que lo transfigura.
Se trata, por tanto, de una concepción pictórica del mundo exterior totalmente nueva, en la que las figuras y los objetos pierden toda la consistencia y materialidad que les había proporcionado la práctica pictórica desde el Renacimiento, viéndose la naturaleza como una sucesión de apariencias, como una secuencia inestable, fluida y en movimiento, como un perpetuo devenir. Esto se tradujo en la práctica en una técnica pictórica que utiliza las pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, formando una estructura de toques de color, en la que el negro o bien es radicalmente suprimido o se reduce al mínimo.
El Impresionismo no conformó una escuela, ni fueron tampoco muchos los pintores que estrictamente lo practicaron, sino que es una actitud común de determinados artistas ante una serie de problemas pictóricos considerados por ellos esenciales. Estos problemas ya se venían presintiendo desde antes, como vemos en la indiferencia temática de obras de Constable y Turner, en que la luz y su diferente intensidad juegan un papel fundamental. Igualmente presienten, o de alguna forma predicen, lo que habría de venir, pintores como Delacroix, Courbet y Corot, pero sobre todo Daumier, Millet y la Escuela de Barbizon.
viernes, 30 de agosto de 2013
La filosofía desde sus orígenes al final de la Edad Media
La filosofía surge en Grecia, aproximadamente en los comienzos del siglo VI a.C. Como el resto de las culturas antiguas, la cultura griega se asentaba en el Mito, transmitido y enseñado por los poetas, educadores del pueblo, especialmente Homero y Hesíodo. A través de complejas narraciones y doctrinas sobre los dioses y los hombres, sobre las fuerzas que intervienen activamente en los acontecimientos cósmicos y humanos, el mito ofrecía respuestas orientadoras acerca de la naturaleza y destino del ser humano, acerca del origen y las normas de la sociedad en que el individuo humano se halla inserto y acerca del surgimiento y estructura del Cosmos. En los albores del siglo VI a. C y en consonancia con hondas transformaciones de carácter cultural y social, las inteligencias más despiertas sintieron la necesidad de sustituir las explicaciones míticas por otro tipo de explicación justificada de un modo racional.
Surgió así la Filosofía como intento de racionalizar la interpretación del hombre y del Universo, de las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. Si el Mito se caracterizaba por ofrecer respuestas a todos los enigmas fundamentales capaces de inquietar al hombre, la filosofía se caracterizó también por la radicalidad de sus planteamientos. La actitud filosófica es radical en un doble sentido: en cuanto sus cuestiones alcanzan a la totalidad de lo real y en cuanto que pretende llegar a los principios explicativos últimos de lo real. Desde su surgimiento, la Filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial -si no el elemento esencial- dinamizador de nuestra cultura.
La historia de la filosofía desde sus orígenes hasta el final de la Edad Media, es un amplio período histórico de veinte siglos en que cabría distinguir, a su vez, dos períodos o ciclos distintos: el correspondiente a la Edad Antigua y el correspondiente a la Edad Media. Esta subdivisión es, sin duda, legítima. Sin embargo, existen razones de carácter histórico y cultural que permiten considerar a ambos períodos como pertenecientes a un único ciclo filosófico. En primer lugar, considérense las relaciones entre el Cristianismo y la filosofía griega. De una parte, la asimilación de la filosofía griega por el cristianismo tiene lugar en la Edad Antigua: cuando El Imperio Romano se derrumba definitivamente, el pensamiento cristiano de orientación griega, platónica, había conseguido ya una implantación definitiva que culmina en la obra de S. Agustín. De otra parte, la Edad Media prolonga y desarrolla esta actitud asimiladora de la filosofía griega por parte de los pensadores cristianos: como tendremos ocasión de comprobar, el pensamiento Medieval se expresa a través de esquemas y conceptos griegos. En segundo lugar, ha de tenerse en cuenta el carácter específico del pensamiento del siglo XIV, es decir, del final de la Edad Media: la crítica desplegada en el siglo XIV contra los sistemas filosóficos medievales es, en realidad, una crítica dirigida contra los esquemas y conceptos griegos asimilados por el pensamiento cristiano e incorporados a éste desde la Edad Antigua y a lo largo de la Edad Media. El siglo XIV marca una reacción radical contra las bases griegas del pensamiento de los siglos anteriores. Es cierto que el Renacimiento verá un resurgir de los sistemas filosóficos griegos, pero este resurgir -coyuntural, por lo demás- traerá consigo una interpretación de la filosofía griega de signo muy distinto de la interpretación medieval de la misma.
Las dos fuerzas que más radicalemente informan nuestra cultura son la filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy podemos ser griegos o antigriegos, cristianos o anticristianos, pero en modo alguno podemos ser ni bárbaros ni paganos. El estudio de la Historia del pensamiento occidental mostrará la profunda verdad de esta afirmación.
Surgió así la Filosofía como intento de racionalizar la interpretación del hombre y del Universo, de las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. Si el Mito se caracterizaba por ofrecer respuestas a todos los enigmas fundamentales capaces de inquietar al hombre, la filosofía se caracterizó también por la radicalidad de sus planteamientos. La actitud filosófica es radical en un doble sentido: en cuanto sus cuestiones alcanzan a la totalidad de lo real y en cuanto que pretende llegar a los principios explicativos últimos de lo real. Desde su surgimiento, la Filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial -si no el elemento esencial- dinamizador de nuestra cultura.
La historia de la filosofía desde sus orígenes hasta el final de la Edad Media, es un amplio período histórico de veinte siglos en que cabría distinguir, a su vez, dos períodos o ciclos distintos: el correspondiente a la Edad Antigua y el correspondiente a la Edad Media. Esta subdivisión es, sin duda, legítima. Sin embargo, existen razones de carácter histórico y cultural que permiten considerar a ambos períodos como pertenecientes a un único ciclo filosófico. En primer lugar, considérense las relaciones entre el Cristianismo y la filosofía griega. De una parte, la asimilación de la filosofía griega por el cristianismo tiene lugar en la Edad Antigua: cuando El Imperio Romano se derrumba definitivamente, el pensamiento cristiano de orientación griega, platónica, había conseguido ya una implantación definitiva que culmina en la obra de S. Agustín. De otra parte, la Edad Media prolonga y desarrolla esta actitud asimiladora de la filosofía griega por parte de los pensadores cristianos: como tendremos ocasión de comprobar, el pensamiento Medieval se expresa a través de esquemas y conceptos griegos. En segundo lugar, ha de tenerse en cuenta el carácter específico del pensamiento del siglo XIV, es decir, del final de la Edad Media: la crítica desplegada en el siglo XIV contra los sistemas filosóficos medievales es, en realidad, una crítica dirigida contra los esquemas y conceptos griegos asimilados por el pensamiento cristiano e incorporados a éste desde la Edad Antigua y a lo largo de la Edad Media. El siglo XIV marca una reacción radical contra las bases griegas del pensamiento de los siglos anteriores. Es cierto que el Renacimiento verá un resurgir de los sistemas filosóficos griegos, pero este resurgir -coyuntural, por lo demás- traerá consigo una interpretación de la filosofía griega de signo muy distinto de la interpretación medieval de la misma.
Las dos fuerzas que más radicalemente informan nuestra cultura son la filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy podemos ser griegos o antigriegos, cristianos o anticristianos, pero en modo alguno podemos ser ni bárbaros ni paganos. El estudio de la Historia del pensamiento occidental mostrará la profunda verdad de esta afirmación.
miércoles, 21 de agosto de 2013
La autosuficiencia de la razón como fuente de conocimiento
Los términos "racionalismo" y "racionalista" son utilizados a menudo no solamente en filosofía, sino también en la lengua y conversación comunes. Si preguntáramos a cualquier persona ajena a la filosofía qué significan estos términos, tal vez nos contestaría que el racionalismo es aquella actitud que confiere una importancia, un valor fundamentales a la razón. Esta definición no es, desde luego, desatinada, pero peca de excesiva generalidad e imprecisión. No basta, en efecto, con indicar vagamente que se confiere a la razón un valor de fundamento, de principio supremo, sino que es necesario establecer qué se entiende por razón y respecto de qué se la considera principio. Lo uno y lo otro solamente puede ser definido si se señala con precisión: a) a qué factores o instancias se niega el rango de principio concedido a la razón (ya que conceder la primacía a un factor implica, obviamente, negársela a otro u otros factores); y b) en qué campo o esfera se concede a la razón el rango de fundamento o principio.
De las observaciones precedentes se deduce con facilidad que cabe hablar de racionalismo en distintos campos o esferas y que en cada una de éstas el término "racionalismo" adquirirá un significado específico y concreto. Consideremos solamente un ejemplo. A menudo se habla de racionalismo religioso. El término "racionalismo" se aplica en este caso a una esfera determinada, la esfera de lo religioso, y viene a significar aquella teoría que concede la primacía a la razón en la fundamentación y formulación de las ideas religiosas, negándosela a los dogmas y a la fe. El racionalismo religioso así entendido pretende construir una religión natural y universal, de la cual queden excluidos todos los dogmas y creencias que no sean estrictamente racionales. Este racionalismo religioso surge ya en el Renacimiento con el Platonismo y se extiende ampliamente durante los siglos XVII y XVIII.
A pesar de que pueda recibir distintas acepciones específicas y aplicarse en esferas distintas, el término "racionalismo" suele utilizarse primordialmente para denominar aquella corriente filosófica del Siglo XVII a la cual pertenecen Descartes y Leibniz, Espinoza y Malebranche. En este caso el racionalismo suele oponerse al empirismo, a la filosofía empirista inglesa del siglo XVIII.
Quizá la mejor forma de entender esta oposición sea referir ambas corrientes a la cuestión del origen del conocimiento. El Empirismo sostendrá que todos nuestros conocimientos proceden, en último término, de los sentidos, de la experiencia sensible. Por su parte, el racionalismo establece que nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de la razón del entendimiento mismo. En la esfera del conocimiento, la filosofía racionalista del Siglo XVII concede a la razón la principialidad en cuanto fuente y origen de los mismos, negándosela a los sentidos.
Para comprender esta afirmación característica del Racionalismo (nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden del entendimiento mismo) es conveniente tener en cuenta el ideal y el método de la ciencia moderna. El ideal de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo, en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros. El problema fundamental consiste en determinar de dónde provienen (y cómo es posible formular) las ideas y principios a partir de los cuales se deduce el cuerpo de las proposiciones, de los teoremas, de la ciencia. Ante este problema no caben más que dos posibles contestaciones: a) los principios, ideas y definiciones, a partir de los cuales se deduce el resto de las proposiciones científicas, provienen de la experiencia sensible, su origen se halla en la información que nos proporcionan los sentidos, y b) su origen no se halla en la experiencia sensible, sino que el entendimiento los posee en sí mismo y por sí mismo.
Esta última es la respuesta del Racionalismo. Las ideas y principios a partir de los cuales se ha de construir deductivamente nuestro conocimiento de la realidad no proceden de la experiencia. Ciertamente los sentidos nos suministran información acerca del Universo, pero esta información es confusa y a menudo incierta. Los elementos últimos de que ha de partir el conocimiento científico, las ideas claras y precisas que han de constituir el punto de partida no proceden de la experiencia, sino del entendimiento que las posee en sí mismo. Esta teoría racionalista acerca del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible. Dos son por tanto, las afirmaciones fundamentales del Racionalismo acerca del conocimiento: en primer lugar, que nuestro conocimiento acerca de la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes; en segundo lugar, que estas ideas y principios son innatos al entendimiento, que éste los posee en sí mismo al margen de toda la experiencia sensible.
De las observaciones precedentes se deduce con facilidad que cabe hablar de racionalismo en distintos campos o esferas y que en cada una de éstas el término "racionalismo" adquirirá un significado específico y concreto. Consideremos solamente un ejemplo. A menudo se habla de racionalismo religioso. El término "racionalismo" se aplica en este caso a una esfera determinada, la esfera de lo religioso, y viene a significar aquella teoría que concede la primacía a la razón en la fundamentación y formulación de las ideas religiosas, negándosela a los dogmas y a la fe. El racionalismo religioso así entendido pretende construir una religión natural y universal, de la cual queden excluidos todos los dogmas y creencias que no sean estrictamente racionales. Este racionalismo religioso surge ya en el Renacimiento con el Platonismo y se extiende ampliamente durante los siglos XVII y XVIII.
A pesar de que pueda recibir distintas acepciones específicas y aplicarse en esferas distintas, el término "racionalismo" suele utilizarse primordialmente para denominar aquella corriente filosófica del Siglo XVII a la cual pertenecen Descartes y Leibniz, Espinoza y Malebranche. En este caso el racionalismo suele oponerse al empirismo, a la filosofía empirista inglesa del siglo XVIII.
Quizá la mejor forma de entender esta oposición sea referir ambas corrientes a la cuestión del origen del conocimiento. El Empirismo sostendrá que todos nuestros conocimientos proceden, en último término, de los sentidos, de la experiencia sensible. Por su parte, el racionalismo establece que nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de la razón del entendimiento mismo. En la esfera del conocimiento, la filosofía racionalista del Siglo XVII concede a la razón la principialidad en cuanto fuente y origen de los mismos, negándosela a los sentidos.
Para comprender esta afirmación característica del Racionalismo (nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden del entendimiento mismo) es conveniente tener en cuenta el ideal y el método de la ciencia moderna. El ideal de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo, en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros. El problema fundamental consiste en determinar de dónde provienen (y cómo es posible formular) las ideas y principios a partir de los cuales se deduce el cuerpo de las proposiciones, de los teoremas, de la ciencia. Ante este problema no caben más que dos posibles contestaciones: a) los principios, ideas y definiciones, a partir de los cuales se deduce el resto de las proposiciones científicas, provienen de la experiencia sensible, su origen se halla en la información que nos proporcionan los sentidos, y b) su origen no se halla en la experiencia sensible, sino que el entendimiento los posee en sí mismo y por sí mismo.
Esta última es la respuesta del Racionalismo. Las ideas y principios a partir de los cuales se ha de construir deductivamente nuestro conocimiento de la realidad no proceden de la experiencia. Ciertamente los sentidos nos suministran información acerca del Universo, pero esta información es confusa y a menudo incierta. Los elementos últimos de que ha de partir el conocimiento científico, las ideas claras y precisas que han de constituir el punto de partida no proceden de la experiencia, sino del entendimiento que las posee en sí mismo. Esta teoría racionalista acerca del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible. Dos son por tanto, las afirmaciones fundamentales del Racionalismo acerca del conocimiento: en primer lugar, que nuestro conocimiento acerca de la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes; en segundo lugar, que estas ideas y principios son innatos al entendimiento, que éste los posee en sí mismo al margen de toda la experiencia sensible.
sábado, 17 de agosto de 2013
De los prejuicios de los filósofos
La voluntad de verdad, que todavía nos seducirá a correr más de un riesgo, esa famosa veracidad de la que todos los filósofos han hablado hasta ahora con veneración: ¡qué preguntas nos ha propuesto ya esa voluntad de verdad! ¡Qué extrañas, perversas, problemáticas preguntas! Es una historia ya larga, - ¿y no parece, sin embargo, que apenas acaba de iniciarse? ¿puede extrañar el que nosotros acabemos haciéndonos desconfiados, perdiendo la paciencia y dándonos la vuelta impacientes? ¿El que también nosotros, por nuestra parte, aprendamos de esa esfinge a preguntar? ¿Quién es propiamente el que aquí hace preguntas? ¿Qué cosa existente en nosotros es la que aspira propiamente a la <<verdad>>? - De hecho hemos estado detenidos durante largo tiempo ante la pregunta que interroga por la causa de ese querer, - hasta que hemos acabado deteniéndonos del todo ante una pregunta más radical aún. Hemos preguntado por el valor de esa voluntad. Suponiendo que nosotros queramos la verdad: ¿por qué no, más bien, la no-verdad? ¿Y la incertidumbre? ¿Y aún la ignorancia? - El problema del valor de la verdad se plantó delante de nosotros, - ¿o fuimos nosotros quienes nos plantamos delante del problema? ¿Quién de nosotros es aquí Edipo? ¿Quién Esfinge? Es éste, a lo que parece, un lugar donde preguntas y signos de interrogación se dan cita. - ¿Y se creería que a nosotros quiere parecernos, en última instancia, que el problema no ha sido planteado nunca hasta ahora, - que ha sido visto, afrontado, osado por vez primera por nosotros? Pues en él hay un riesgo, y acaso no exista ninguno mayor.
viernes, 12 de abril de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
UN POCO SOBRE ARTE
Para mí la técnica debe de estar siempre al servicio de la idea. Es de vital importancia comunicar los sentimientos, emociones del artista. La técnica se transforma en un impedimento hacia la profundización luminiscente de las emociones y sentimientos. La similitud de la obra con la estructura que plasmamos se desarrolla dentro de un plano de igualdad jerarquizada. Reversible en algunos casos. Lo análogo es un proceso de fluidez; un punto de encuentro entre obra y artista.
Los procesos rítmicos son imprescindibles. Una rítmica aplicada, un conocimiento del cromatismo, una estructuración adecuada y una temática que acerque al observador con el creador.
Toda idea de creación debe ser objetiva en unos momentos de la creación y subjetiva en otros.
El pintor es un labrador, un cantero de las ideas; un matemático con una serie de ecuaciones desarrolladas y otras que quedan por desarrollar. Un ser con unas manos ágiles. Unos dedos que hacen que los pinceles acaricien la tela o papel. Siempre escapando de lo científico para aproximarse a lo metafísico.
La composición la encontramos en una estrella...pintar...estudiar la naturaleza del entorno con el alma, no con la cabeza solamente. Que quiero decir que la estructura la encontramos en una estrella por sus puntos cardinales (rosa de los vientos). Está demostrado que en la antigua escritura mesopotámica. Entre el Tigris y el Eufrates eclosionó "la semilla", relacionando así la pictografía con los objetos reales; poco a poco el análisis va separando lo representado.
Salvador Dalí decía: "Todo se encuentra en los genes". No se puede decir que estuviese equivocado mi querido acompañante de delírios cromáticos. Lo que no va en los genes es la cultura. Debemos tener en cuenta que la visión humana es limitada. Al pintar, el movimiento del pincel debe procurarse que sea circular.
¡Hay que rizar el rizo!
El cabello que Henry Mattise guardaba y aplicaba con sus pinceles a sus lienzos, tablillas. El paralelismo que encontramos entre la mar y la naturaleza. "La chica con los cabellos de lino" (Debussy)formando parte de la contemplación y la acción, sin ninguna división. Como decía un gran músico e intelectual: "- Creo que el arte se aprende; pero no se puede enseñar". Manuel de Falla. Una gran cantidad de dibujos desenbocando en un océano de obras de arte. Un artista, es aquel que sigue jugando como un niño, pinta o crea con un gran tesón y entusiasmo. Se mancha en gradaciones y degradaciones cromáticas. Una persona que tal vez, sólo tal vez... Se sumerja, profundice e indague en la periferia pluricultural de un modo metafísico. Que tal vez... Solo tal vez sea el arte. El arte ya se encontraba entre nosotros antes que el homo sapiens. Las cuevas de Chauvet en Francia. Las cuevas de Altamira en España, son pertenecientes a los períodos glaciares.
Son una demostración del poder imaginativo e inventivo. Una técnica que no deja de asombrar. La capacidad de crear los pigmentos y plasmar los animales que se encontraban en sus cacerías. Gracias a los artistas hoy podemos tener una mayor comprensión de las civilizaciones de otro tiempo.
El arte, bajo mi punto de vista es necesario en más de un aspecto vital. Muestra quienes somos, la evolución socio-cultural. Una continua pujanza de crear lo que vemos en nuestro entorno o lo que está en nuestro subconsciente. La capacidad de crear es un estímulo cerebral, algo necesario para que continúe la evolución cultural. Cada País, cultura, religión crean sus propias representaciones con las cuales guardan un vínculo.
Las Bellas Artes no se encuentran únicamente en las instituciones. No obstante, observando las diferentes tendencias, descubrimos que las que más han influido e influyen son las creadas por artistas bohemios y en muchos casos autodidactas. Por supuesto que la técnica y el estudio no carecen de importancia para la verdadera creación artística. Nos gusta encontrarnos con algo nuevo, diferente de lo ya hecho. Algo renovador, evocador; que posea su frescor y una fluidez dentro de la creatividad. Una verdadera pujanza personal y social. Es importante saber observar en una obra pictórica lo que nos quiere decir el artista.
Algunos artistas se echan a perder por el dinero. Miremos hacia donde miremos encontraremos artistas cuya avaricia están condenando a su persona y al mundo de las bellas artes.
Yo bailaré, dibujaré, pintaré, a pesar de no tener fama rimaré y seguiré pintando lo que me guste y mi instinto y razón dictaminen. Un gran paso se da a partir de dar muchos pasos pequeños.
Lo bueno no se vive demasiadas veces, por ello debemos saber aprovechar los buenos momentos.
Tener en cuenta que nuestras experiencias son limitadas. Todos tenemos un don artístico. Las ideas son las que dan forma al artista.
Los procesos rítmicos son imprescindibles. Una rítmica aplicada, un conocimiento del cromatismo, una estructuración adecuada y una temática que acerque al observador con el creador.
Toda idea de creación debe ser objetiva en unos momentos de la creación y subjetiva en otros.
El pintor es un labrador, un cantero de las ideas; un matemático con una serie de ecuaciones desarrolladas y otras que quedan por desarrollar. Un ser con unas manos ágiles. Unos dedos que hacen que los pinceles acaricien la tela o papel. Siempre escapando de lo científico para aproximarse a lo metafísico.
La composición la encontramos en una estrella...pintar...estudiar la naturaleza del entorno con el alma, no con la cabeza solamente. Que quiero decir que la estructura la encontramos en una estrella por sus puntos cardinales (rosa de los vientos). Está demostrado que en la antigua escritura mesopotámica. Entre el Tigris y el Eufrates eclosionó "la semilla", relacionando así la pictografía con los objetos reales; poco a poco el análisis va separando lo representado.
Salvador Dalí decía: "Todo se encuentra en los genes". No se puede decir que estuviese equivocado mi querido acompañante de delírios cromáticos. Lo que no va en los genes es la cultura. Debemos tener en cuenta que la visión humana es limitada. Al pintar, el movimiento del pincel debe procurarse que sea circular.
¡Hay que rizar el rizo!
El cabello que Henry Mattise guardaba y aplicaba con sus pinceles a sus lienzos, tablillas. El paralelismo que encontramos entre la mar y la naturaleza. "La chica con los cabellos de lino" (Debussy)formando parte de la contemplación y la acción, sin ninguna división. Como decía un gran músico e intelectual: "- Creo que el arte se aprende; pero no se puede enseñar". Manuel de Falla. Una gran cantidad de dibujos desenbocando en un océano de obras de arte. Un artista, es aquel que sigue jugando como un niño, pinta o crea con un gran tesón y entusiasmo. Se mancha en gradaciones y degradaciones cromáticas. Una persona que tal vez, sólo tal vez... Se sumerja, profundice e indague en la periferia pluricultural de un modo metafísico. Que tal vez... Solo tal vez sea el arte. El arte ya se encontraba entre nosotros antes que el homo sapiens. Las cuevas de Chauvet en Francia. Las cuevas de Altamira en España, son pertenecientes a los períodos glaciares.
Son una demostración del poder imaginativo e inventivo. Una técnica que no deja de asombrar. La capacidad de crear los pigmentos y plasmar los animales que se encontraban en sus cacerías. Gracias a los artistas hoy podemos tener una mayor comprensión de las civilizaciones de otro tiempo.
El arte, bajo mi punto de vista es necesario en más de un aspecto vital. Muestra quienes somos, la evolución socio-cultural. Una continua pujanza de crear lo que vemos en nuestro entorno o lo que está en nuestro subconsciente. La capacidad de crear es un estímulo cerebral, algo necesario para que continúe la evolución cultural. Cada País, cultura, religión crean sus propias representaciones con las cuales guardan un vínculo.
Las Bellas Artes no se encuentran únicamente en las instituciones. No obstante, observando las diferentes tendencias, descubrimos que las que más han influido e influyen son las creadas por artistas bohemios y en muchos casos autodidactas. Por supuesto que la técnica y el estudio no carecen de importancia para la verdadera creación artística. Nos gusta encontrarnos con algo nuevo, diferente de lo ya hecho. Algo renovador, evocador; que posea su frescor y una fluidez dentro de la creatividad. Una verdadera pujanza personal y social. Es importante saber observar en una obra pictórica lo que nos quiere decir el artista.
Algunos artistas se echan a perder por el dinero. Miremos hacia donde miremos encontraremos artistas cuya avaricia están condenando a su persona y al mundo de las bellas artes.
Yo bailaré, dibujaré, pintaré, a pesar de no tener fama rimaré y seguiré pintando lo que me guste y mi instinto y razón dictaminen. Un gran paso se da a partir de dar muchos pasos pequeños.
Lo bueno no se vive demasiadas veces, por ello debemos saber aprovechar los buenos momentos.
Tener en cuenta que nuestras experiencias son limitadas. Todos tenemos un don artístico. Las ideas son las que dan forma al artista.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Un poco sobre arte y algo más...
Para mí, bajo mi punto de vista el arte es de gran importancia en la existencia humana. Es un modo de mostrar nuestra naturaleza y una pujanza de la vida. Primero debemos observar el entorno e incluso nuestro interior. Podemos hacer una tesis comparativa de lo que estamos creando. Un análisis en toda regla. La técnica al servicio de la idea. Yo, por supuesto no pinto por dinero. He vendido una docena de obras a lo largo de toda mi carrera artística. No puedo negar que me gustaría que fuesen apreciadas mis obras. Desde luego he pintado diferentes tendencias. Bajo diferentes estados de ánimo. Ahora que ya me pueden considerar "loco" oficialmente, bohemio y extravagante es cuando menos me estoy dedicando al mundo de la pintura. Tengo escritos (miscelaneas)sobre el arte y sobre mis estados anímicos. Yo soy y siempre he sido una persona que utiliza mucho el instinto. En algunos de mis lienzos se puede dar cuenta cualquier crítico de arte que utilizo mucho el instinto y que soy muy impulsivo. Cuando pinto disfruto como un niño pequeño. No me gusta que vinculen el mundo de las drogas a mi pintura. He consumido drogas y de vez en cuando las sigo consumiendo; pero para pintar no me va eso de estar "drogado". Me gusta fumar marihuana y tomarme un Jack Daniel`s de vez en cuando. A lo largo de mi vida siempre he buscado y conseguido un recurso para sobrevivir. Ahora tengo ya 40 años y he asentado más la cabeza. Me da igual lo que las personas piensen de mi persona. Soy como soy... He vivido situaciones de lo más variopintas. En un pasado he recorrido centro-Europa. Vivido con Serbios, Albaneses, italianos/as. Practiqué el sexo con chicas de muchos países. No es que sea un Don Juan; pero si puedo decir que me he acostado con mujeres de diferentes países y modos de pensar. Me gustaría escribir una tesis sobre el arte del siglo XX y comienzos del XXI. No obstante ya tengo ciertos escritos; pero el problema es que tengo que organizar los escritos. Ante todo intento ser feliz. A veces no tengo a donde huir. Será que por mis pecados sigo preso. Mi adolescencia ha sido muy turbulenta. Recuerdo con claridad que me atrevía a todo. No tenía miedo a nada ni a nadie. Hoy día soy más prudente. Procuro no meterme en donde no me llaman. Desde que he leído "ética a Nicómaco" de Aristóteles a cambiado mucho mi concepto del mundo de la filosofía. Siempre había sido Nietzsche mi filósofo preferido. Me consideraba un vitalista existencialista. Hoy me considero una persona que a cogido un poco de aquí y otro poco de allá. He leído las tesis y después la antítesis para llegar a la síntesis. Se que me queda mucho que aprender. A veces me da la sensación de estar en la cueva platónica. He salido de la cueva y el sol me ha cegado temporalmente. Tengo la mayoría de los escritos a medio hacer. Debería organizarlos; pero estoy en un momento de la vida un tanto extraño. La verdad es que cuando tenía veinte años nunca pensaba en el futuro que actualmente es presente. He fumado tantos porros que todavía me sigue saliendo humo del cerebro. En mi biografía cuento más detalladamente como ha sido mi infancia y mi adolescencia. Como he dicho un tanto turbulenta. El mundo de las drogas y la guerra de bandas. Nos considerábamos unos guerreros. Por supuesto teníamos nuestro propio código de honor. A mí siempre me consideraban como una persona conocedora de la literatura y de la psicología. Ejercía de mediador en algunos de los conflictos. Cuando pienso en ciertos momentos del pasado tengo la sensación de estar ajeno a lo que hemos pasado. Cualquier persona que me conozca en la actualidad nunca pensaría que yo he sido un traficante de hachix. Nunca quise vender drogas duras aún teniendo la oportunidad de hacerlo y quitar un buen beneficio. Ahora tengo los cuarenta años y me encuentro sin pareja y sin amigos. La vida a cambiado mucho, y no solamente para mí, sino que para todos. En parte me gustaría encontrar una mujer que me comprendiera, por otra parte se que es un compromiso y que incluso puede ser una carga. Por lo que veo, muchas parejas terminan mal. En muchos casos es por cuestión económica. Desde luego, si vuelvo encontrar una mujer que me comprenda haré lo que pueda para hacerla feliz.
viernes, 1 de febrero de 2013
Un poema beat
¿Son estos nuestros amigos? Recorriendo nuevos senderos y estremeciéndose por tranquilos valles desde donde se divisa un hermosa filmamento. Mi hijo no morirá en la guerra, se que volverá, escucho la voz de un campesino numerado, la de un pescador de Oriente. La última vez me dijeron que esta era la única manera. Escucho la voz de una muchacha soprano. Corriendo y hablando por las junglas infectadas. Consulto al oráculo, amargo riachuelo, arrástrate, viven del agua de lluvia. Amor de mono, compañero de mefistófeles, fabricante de brandy. Las islas del veneno, el veneno... Recuerdo la institución mental, el expreso de medianoche debía de pasar. Encerrado como un animal. A veces se podían escuchar notas musicales. Otras los lamentos de un enfermo degenerativo. Un buen día penetré en un profundo sueño, el de huír de esas cuatro paredes que oprimian mi corazón sin parar. Colinas lejanas me aguardaban, allí, en el perímetro no hay estrellas. Llegó el día, pero elegí la noche, partí hacia el horizonte donde el silencio reina eternamente. Ahora puedo ver el límpido cielo. Ahora estoy tranquilo.
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